Este asunto será sin duda lo más duro del viaje. No se puede uno hacer una idea cuántos niños y niñas de 4-12 años ves vagando por la ciudad en malas condiciones, pidiéndote cualquier cosa, intentando llamar tu atención con unos muñequitos de tela que se ponen en los dedos de las manos. No es razonable, …y no sabéis el frío que se pasa a 3.400 metros…
Las bofetadas que te da el contacto con la realidad más cruda sirven para que uno aprenda a sentirse afortunado.
La gente con un mínimo de sensibilidad no se puede quedar impasible viendo la pobreza en la que vive la mayor parte del planeta. Estas experiencias deberían servir para ser más responsables y solidarios.
Mucha suerte, Arturo.